Un Viva México! desde un rincón lejano, lo que perdí y gané al dejar mi pequeño paraíso

Un Viva México! desde un rincón lejano, lo que perdí y gané al dejar mi pequeño paraíso

Vivir fuera de tu país es una lucha perpetua entre la nostalgia y pragmatismo.

Leí esta descripción en algún lado y no pude estar mas de acuerdo, pues es lo más acertado que, en mi experiencia como alguien que dejó hace 4 años su país y toda una vida atrás.

Esta es mi historia:

Hace 4 años, junto con mi esposo y pequeño hijo, tomé una decisión que me cambiaría la vida por completo y para siempre. En ese momento no comprendía plenamente las implicaciones que esta decisión tendría. Ni tenia la idea mas remota de que mi vida constaría de un “antes y después”. Jamas volvería a ser la misma.

Soy nacida en Puerto Vallarta, aquí crecí toda mi vida, siempre he tenido un amor profundo por mi pueblo, como todos los Vallartenses que valoran y disfrutan todo lo que ofrece.

Aunque estoy casada con un extranjero, jamás pensé que algún día me iría de aquí y yo me volvería la extranjera. Mi vida era cómoda y pensaba que hasta feliz, hasta que tuve que aprender de manera dolorosa, el verdadero significado de lo que ser feliz es, de manera consciente.

Los días próximos a mi partida, estuvieron cargados de emociones, pero principalmente de miedo y tristeza, una tristeza profunda por tener que despedirme de mi familia y amigos, quienes visiblemente compartían ese sentimiento.

Con música de mariachi, tacos de asada y pastor, repartí y recibí besos, abrazos y las promesas de volver pronto y mantener el contacto.

*Lo que perdí:

Lo que es obvio, la cercanía y convivencia diaria con mi familia y amigos.

Mi paraíso y mi sentido de pertenencia, en realidad, decir perder como tal es muy relativo, pues me aseguro de volver 1 o 2 veces por año, mi esencia es de una “pata salada” como nos decimos los nacidos en Vallarta y eso jamás cambiará.

La algarabía de cada festejo, del folclor y manera de vivir situaciones que son única de mi país.

Perdí la familiaridad con la que me movía en mis terruños, perdí un poco la confianza en mi misma al dudar de si podía comunicarme adecuadamente en otro idioma, perdí la comodidad de una vida establecida, con rutinas, rutas, lugares y costumbres. Perdí amistades que no eran tan fuertes para continuar a distancia. Perdí mi mar, la comida, mis montañas, perdí el sentido de las distancias y tiempos.

Pero lo mas importante que perdí fue precisamente todo eso, mi zona de confort, una mente que no se había expandido, un estatus social que no favorecía mi crecimiento. Una identidad condicionada cultural y socialmente. Un apego fútil a las cosas materiales e innecesarias de la vida. Perdí los privilegios de una ciudadana que era parte de un sistema corrupto al fácilmente tramitar documentos, evitar multas gracias a pequeños sobornos. Perdí acceso a un trabajo altamente pagado aunque no me hiciera feliz, perdí la ayuda domestica que daba por sentado. Perdí el servicio que amablemente nos proporcionan en las gasolineras, de los “cerillitos” que te embolsan el mandado, perdí los ‘buenos días’ de la calidez de la gente local. Perdí un esposo cansado de trabajar todo el día para perpetuar un estilo de vida superfluo. Perdí el sol en los inviernos que se sienten eternos y oscuros. Me perdí a mi misma y todo lo que por una vida había creído, deberían ser las cosas.

Pero como bien dicen que cuando perdemos, también ganamos.

* Lo que gané:

Tiempo de calidad en las visitas y vacaciones, creatividad al establecer diversas formas de sentirte cerca, una comunicación efectiva y amorosa y una apreciación inmensa de confirmar que el amor trasciende distancias. Encontré mi propósito de vida y una carrera que me apasiona, despues de resurgir de un fondo profundo, el perdón y aceptación de cosas del pasado. Un ingenio para emprender negocios y oportunidades, alianzas y asociaciones inteligentes. Una nueva familia, un esposo que también tuvo que crecer al igual que yo, al salir de nuestra zona de confort, opciones para la educación de mi hijo, un pragmatismo que no sabia que era capaz de desarrollar, un desapego que no se vuelve opcional sino obligatorio, una capacidad de crear nuevos lazos, por necesidad y salud emocional. Generar una nueva red de apoyo, hábitos y costumbres que están pensados en el planeta, en los vecinos y en nuestro propio bienestar, el respeto a un sistema político y cultural que es ajeno a ti, pero que ahora tienes que seguir. Una adaptabilidad que no sabia que tenia, aprendi a planchar, lavar y cocinar, caray, incluso aprendi a hacer tortillas a mano, aunque esto me cause gracia, en realidad me dió motivos para sentirme orgullosa de mi misma y la capacidad de reinventarme completamente para fluir con mi nueva realidad y dejar ir lo que ya no era.

Un matrimonio mas fuerte y lazos hasta ahora inquebrantables, un hijo feliz porque para el su felicidad era tener a padres presentes y que la falta de tiempo no fuera un precio que el tuviera que pagar.

Gané una nueva forma de hacer maletas, prácticamente vacía de ida para poder llenarla de especies, salsas, dulces y burundangas mexicanas.

Gané un nuevo amor a mi nación, donde un partido de futbol en la televisión cuando juega nuestra selección me hace pararme a cantar el himno nacional, un himno que jamas me aprendi antes. Gane disfrutar escuchar a personas de distintas nacionalidades expresarse con tanto cariño de México y las ganas de inculcarle a mi hijo sus raíces.

El doble de todo, cuando inconscientemente dejas un pie aquí y otro allá, siempre cargaras dos de todo, identificaciones, tarjetas bancarias, tarjetas de tiendas de autoservicio, dos chips de teléfono celular, 2 números, y así te dices a ti mismo, que sigues siendo parte de y que por si acaso volvieras, todo estaría tal y como lo dejaste, aunque cada

vez que visitas a tu pueblo te das cuenta que no es verdad, que la gente cambia, la ciudad evoluciona, situaciones mejoran o empeoran o que tal vez, tu ya no eres la que fuiste y todo lo ves con otros ojos y que si algo aprendiste es que no puedes juzgar ni criticar cuando ya no participas activamente. Que tu nueva palabra es resiliencia y gratitud, porque para tu sorpresa, eres mas fuerte de lo que pensabas y mas agradecida que nunca por poder iniciar una nueva vida desde la nada y a la misma vez con todo.

Al final la balanza se inclina a mi favor, pues lo mas importante que gané a traves de la perdida, fue a mi misma y la certeza de saber que el Universo siempre te pone donde debes de estar y te manda regalos en forma de aprendizaje, aunque esto signifique, dejar tu paraíso. Así que desde este rincón del mundo, grito y festejo con amor a mi país VIVA MÉXICO!

*Agradezco la colaboración de las chicas del grupo Mexicanas en Liverpool.

Escribeme a contact@adrianamendezsnowden.com

Adriana Méndez Snowden

Coach Transformacional/Conferencista/Escritora

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